Ni Coca-Cola ha teñido de rojo a Papá Noel, ni el agua de los WCs australianos gira en dirección contraria, ¡fake news y más fake news!

 

No sé si recordaréis aquellos anuncios de productos de limpieza en los que un hombre con un traje impoluto disminuía su tamaño, como si se acabase de beber el elixir de Alicia, y se sumergía entre las fibras de tu ropa o las piezas de tu lavavajillas para informarte de que aquello no estaba tan limpio como tú creías. Pues bien. Ojalá tener a uno de esos increíbles hombres menguantes que se pudiese colar en nuestros ordenadores para ayudarnos a diferenciar entre la información real y las incesantes fake news que campan a sus anchas por la red.

Es cierto que el concepto fake news, a pesar de su reciente acuñación, no es ninguna novedad. Según Cambridge las fake news son “historias falsas que parecen ser noticias, difundidas en Internet u otros medios, generalmente creadas para influir en las opiniones políticas o como una broma”. O sea, mentiras. Mentiras de toda la vida. Solo que ahora, gracias a Internet, llegan más rápido, más lejos y son más difíciles de detectar. Supongo que eso de que se coge antes a un mentiroso que a un cojo se ha quedado un poco obsoleto.

La realidad es que las fake news llevan entre nosotros desde siempre y un buen ejemplo de ello es la propaganda de la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, con la llegada de las redes sociales, la cosa se ha ido de madre y ahora las fake news son uno de los problemas más urgentes a nivel global.

Un reciente estudio de la revista “Science” demuestra que las fake news tienen un 70% más de probabilidades de ser compartidas en Twitter que una noticia real. ¿Y por qué creéis que se da este fenómeno? ¿Será que nos gusta la polémica? ¿O es que estamos tan sobre estimulados que para que un titular capte nuestra atención ha de versar algo así como, “Científicos aseguran haber encontrado en Marte un yacimiento de pastillas para la tos”? ¿¡Qué es lo que nos pasa!?

Sea como sea, paradójicamente, las fake news son una realidad y habremos de saber cómo defendernos de ellas. Porque si no lo hacemos, podrían seguir ganando terreno y acabar provocando que no sepamos discernir entre la realidad y las invenciones.

Así que para evitar que nos la cuelen, aquí tenemos algunos consejos para aprender descartar los bulos que circulan por la red y que solo prevalezca la verdad verdadera, aunque ésta a veces también sea difícil de creer.
  1. Antes de nada, lo primero que debemos tener en cuenta es que el 86% de los españoles tienen dificultades para distinguir entre una noticia real y una inventada. Por lo que, si tu tía Emilia publica en su muro de Facebook una noticia increíble, en lugar de los maravillosos montajes de Paint que nos regala habitualmente, ¡OJO! puedes tener delante un bulo perfectamente trabajado.

  2. Para identificar fake news también es importante verificar la fuente. Una noticia no tiene por qué ser real por el simple hecho de aparecer en un medio serio. Por eso debemos acudir a la página que ha lanzado la noticia y corroborar si efectivamente hay o no hay gato encerrado.

  3. No fiarnos de los titulares. Muchos usuarios de redes sociales acostumbran a compartir noticias solo por su titular, sin haber si quiera leído su contenido. Podemos decir que este fenómeno es algo así como el “He leído y acepto los términos y condiciones” del mundo de la información. Debemos ir más allá del titular y pensar si este está redactado para informar o simplemente para entretener.

  4. También podemos investigar sobre el autor, ver si se trata de una periodista o un periodista reconocido, buscar su perfil en Twitter o LinkedIn. Aunque entendemos que esto pueda resultar algo engorroso es una forma más de hacer saltar la liebre.

  5. Por último, es recomendable acudir a portales especializados en destapar este tipo de rumores. Personalmente soy muy fan de Maldito bulo, un proyecto que nace del buen hacer de varios periodistas y que, sin duda, podría considerarse el hombre menguante de la información.

En resumen, lo importante es dudar. No debemos creer en todo lo que leemos por la sencilla razón de que esté en un medio reconocido o porque algún famoso al que consideramos un gurú de la información lo haya dicho en Twitter. Hay que dudar, investigar y desarrollar un criterio propio, porque lo que es seguro es que vivimos en la era de la desinformación y que el tío que dijo que Marilyn Manson era el niño de Aquellos Maravillosos Años nos mintió descaradamente.